Cinco días en Oslo – Diario de viaje

Oslo ha sido el primer destino Europeo (con perdón de Portugal) en el que hemos estado con los niños. Nos mentalizamos de que nuestro ritmo habitual tenía que ser dejado de lado para adaptarse al de los peques: más lento y curioso.

Ese (otro fue el precio de los billetes de avión) fue uno de los motivos que nos llevaron a elegir Oslo, en lugar de otro destino más monumental: no llevábamos una lista muy larga de “imprescindibles” y veríamos más o menos cosas según se nos fueran dando los días (una especie de slowtravel forzoso, ¿no?

Veamos para lo que nos dieron estos cinco días de primavera en la capital de Noruega, en los que llovió y llovió y poca tregua nos dio el tiempo.

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Estación Central de Oslo

Día 1

Salimos en un vuelo temprano desde Madrid (no, los peques no se durmieron ni un minuto en las cuatro horas largas que duró el vuelo). Y, tras un vuelo sin incidentes, aterrizamos en el aeropuerto de Oslo Gardermoen. Allí localizamos sin problema el tren express que te lleva al centro de Oslo (nosotros nos dirigíamos Central Oslo (Oslo S), la estación central de trenes de la ciudad) el Flytoget Airport Express.

https://flytoget.no/en/

El precio es de 20€ por trayecto los adultos, y los menores de 16 años viajan gratis (siempre que vayan acompañados de un adulto que sí pague billete). Sale un tren cada 10/15 min y el trayecto, según tenga o no paradas intermedias, dura entre 19 y 22 minutos.

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Estación Central de Oslo

También existe la opción de hacer este trayecto en tren normal (https://www.nsb.no/en/our-destinations/oslo-gardermoen) o en autobús (https://www.flybussen.no/?dir=from), pero la diferencia de precio no era tan grande y optamos por la opción más cómoda.

Como hasta las 15H no podíamos hacer el check in en el alojamiento, dejamos el equipaje en la consigna y fuimos a hacer la primera toma de contacto con la ciudad y a comer. Un poco desorientados aún, entramos en un local de la cadena Egon al lado de la estación: Hamburguesas, pizzas… comida “fácil” para todo tipo de público. De buena calidad, eso sí. Y primer encontronazo con los precios de Oslo…

Después nos dimos un primer paseo por la calle Karl Johans (una de las arterias comerciales, que parte desde la Estación Central), nos fuimos a conocer el sitio en el que íbamos a pernoctar esos días.

En Oslo nos alojamos en un apartamento turístico que contratamos a través de la web de reservas booking:  http://www.booking.com/Share-LYud9kv. Los precios de TODO en Noruega son prohibitivos y la opción de alojarte en un apartamento con cocina propia siempre ayuda a reducir los costes en los desayunos y en las cenas. El apartamento era amplio, cómodo y no estaba demasiado lejos del centro. La comunicación era buena, pero durante nuestra estancia estaban haciendo obras en las calles que habían alterado las rutas de los transportes públicos y eso nos obligó a andar más de lo que teníamos previsto para acceder al transporte público.

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Edifico de La Ópera

La tarde está soleada, así que como la predicción para los días venideros no es muy halagüeña, nos damos un paseo hacia el puerto y la zona de la Ópera.

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Los niños se diverten sobre los tejados de La Ópera

El edifico de la Ópera de Oslo es uno de los imprescindibles si vas a viajar a esta ciudad. Su arquitectura permite ascender desde la calle por el tejado inclinado hasta coronarlo. Es una experiencia distinta en la relación con la arquitectura. Desde lo alto las vistas son espectaculares, y la sensación de estar en lo alto de un edificio tan especial es genial. Aunque suene raro, se puede subir incluso con carrito de bebé (con cuidado, eso sí). Y arriba hay mucho espacio en el que los niños corren, saltan y se sorprenden con lo que hay a su alrededor.

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El tejado de La Ópera

Desde la Ópera, cruzamos un puentecito flotante que nos lleva al barrio de Sorenga, donde nos permitimos el lujo de tomar algo en una terracita, al solecito, al borde del muelle. Este barrio, que parece muy nuevo, tiene una atmósfera muy agradable, con sus terrazas a pie de fiordo.

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Sorenga

Como estamos cansados por el madrugón y los peques no han dormido nada, nos vamos de recogida al apartamento. Hacemos un poco de compra en un supermercado (muy desprovisto de productos frescos y fruta, todo hay que decirlo), cenamos y a dormir.

Día 2

El sol vuelve a brillar, así que es el momento de dar un breve paseíto en ferry. Desde el embarcadero del Ayuntamiento parten los ferrys a la península de Bygdoy, la “isla” de los museos. Nuestra idea es echar un vistacillo al museo Fram y luego ir al museo etnológico al aire libre, el Norsk Folkemuseum.

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Embarcadero de Bygdoy, frente al Museo Fram

Error de cálculo (no sería el único): el museo Fram es apasionante para todos y le dedicamos cerca de dos horas, que hemos disfrutado muchísimo.

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Norsk Folkemuseum

Después nos dirigimos, en el autobús nº30, que se coge al lado del Museo Fram, al Norsk Folkemuseum. Es un museo al aire libre en que se puede conocer un poco más en profundidad la vida en Noruega en diferente épocas, a través de reproducciones (algunas originales) de construcciones típicas a lo largo de las épocas.

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Impresionante barco vikingo

Y por último, nos acercamos andando hasta el Museo de los Barcos Vikingos. Sin duda otro de los imprescindibles de Oslo.

Los detalles de nuestra visita a los distintos museos de Oslo los puedes encontrar aquí:  https://tragamundo.wordpress.com/2018/03/06/los-museos-mas-apasionantes-de-oslo-para-visitar-con-ninos/

A pesar de ser un enclave turístico esencial, la oferta gastronómica en Bygody es muy limitada, por lo que decidimos volver al puerto de Oslo, que nos ha parecido que tenía mucha vida, para comer. Para hacer tiempo mientras llega la hora de salida del ferry, entramos en el Museo Kon Tiki (al lado del Museo Fram). Tenemos la tarjeta Oslo Pass, que incluye las entradas a todos estos museos, así que la aprovechamos.

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Aker Brygge

Ya de vuelta en tierra firma, nos acercamos a la zona de Akker Brygge, que está llena de terrazas, restaurantes y gastro pubs a cual más apetecible. Curiosamente el rango de precio es muy similar de unos a otros. Optamos por uno llamado Jarmann, con aspecto de pub inglés. En la mayoría de los restaurantes de Oslo en los que estuvimos no tenían menú infantil, pero puedes pedir medias raciones para niños hasta 12 años, que es una muy buena opción.

Ojo: Noruega puede ser muy “family friendly”, pero quizá no tanto como podíamos esperar. En los restaurantes no te dejan entrar el carrito del bebé: tienes que dejarlo fuera en la calle, da igual que llueva o haga sol. Muy poco “firendly” me pareció a mí eso…

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En el Jarmann pedimos fish and chips para los peques, y hamburguesa y salchicha con puré para los mayores. Comimos muy muy bien, pero bastante caro: unos 70€ por apenas tres platos. Esa va a ser la línea todos los días.

http://www.jarmanngastropub.no/en

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Salchicas con puré y cebolla crujiente

Al comienzo de Akker Brygge hay un parque infantil en el que los niños se pueden desfogar un rato antes, o después de comer.

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Tjulvholmen

La lluvia ya había empezado y no volvió a remitir hasta que nos fuimos. Después de comer nos encaminamos a Tjulvholmen,una pequeña península al final de Aker Brygge. Zona residencial muy moderna, con una serie de canales por los que acceden pequeñas embarcaciones, y muy agradable para pasear. En su extremo se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo Astrup Fearnley.

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Museo de Arte Contemporáneo Astrup Fearnley

Visitar o no este museo depende de las exposiciones que tenga en el momento. Durante nuestro viaje había una retrospectiva de Takashi Murakami que resultó muy entretenida con los peques.

Más detalles en https://tragamundo.wordpress.com/2018/03/06/los-museos-mas-apasionantes-de-oslo-para-visitar-con-ninos/

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Ha sido un día largo e intenso y los peques están muy cansados. Intentamos usar el transporte público para volver al apartamento, pero no conseguimos descifrar los cambios en las paradas provocados por las obras, así que acabamos dando un largo paseo, bordeando el puerto primero, y por la zona financiera después, hasta casa. Un muy agradable paseo, todo hay que decirlo, a pesar de la lluvia.

Día 3

Amanece lloviendo, sin previsión de mejora, así que nos lo tomamos con calma para levantarnos, desayunar y prepararnos para salir.

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El plan hoy es visitar el Parque de Esculturas Vigeland. Como está un poco alejado del centro, cogemos el tranvía nº12 en la puerta de la Estación Central, que nos lleva por el barrio de Frogner, donde se nota el nivel económico, con casas de alto nivel y tiendas de lujo.
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El tranvía nos deja en la puerta del parque.  El Parque Vigeland , co una extensión del alrededor de 32 hectáreas, fue diseñado y creado por el escultor Gustav Vigeland entre los años 1907 y 1942, tras recibir el encargo del ayuntamiento de Oslo. Está lleno de esculturas humanas, donde aparecen las distintas edades del hombre, desde niños hasta ancianos, en diferentes actitudes. Es un espacio abierto en el que los peques corretean a su aire a la vez que se asombran de la fantástica muestra escultórica, cuya pieza más llamativa es un inmenso monolito de figuras humanas.

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Además, justo a la entrada del recinto hay un parque infantil con un castillo de juegos fantástico que sin duda va a ser su lugar favorito del todo el viaje. Y, a pesar de la lluvia, estaba lleno de niños, bien pertrechados con su ropa impermeable, a los que no les importaba deslizarse por toboganes empapados. Reconozco que a mi mentalidad “sureña” le chocaba un poco, pero con unos buenos pantalones impermeables los peques se lo pasaron genial. Qué decir tiene que echamos toda la mañana en el Parque Vigeland.

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Grünerlokka

Decidimos ir a comer al barrio de Grünerlokka, la zona más de moda y cool de Oslo, al que llegamos en tranvía. Nuestra intención es comer en el Mathaller Vulkan, un gastro mercado de esos que se han puesto tan de moda por toda Europa en los que puedes encontrar oferta gastronómica muy variada y hay mesas y sillas comunes donde comer lo que compres en el puestecillo que más te haya gustado. Pero llovía tantísimo que entramos directamente en una pizzería que había al lado de la parada del tranvía: Villa Paradiso. https://www.villaparadiso.no/

Un sitio agradable, aunque la comida no nos pareció gran cosa. Pedimos unas pizzas para compartir y nos gastamos 80€. No va a ser un lugar a recomendar.

 

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Mathallen Vulkan

A la la salida la lluvia ha remitido un poco, así que vamos dando un paseo por las calles de Grünerlokka hasta el Mathallen Vulkan (y es que nos encantan los mercados, ya sean tradicionales o modernos). Como era de esperar, el mercado es muy chulo y aprovechamos para comprar provisiones para la cena.

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Parque inflantil en Grünerlokka

Los peques están muy cansados y hace bastante frío, así que, aunque son sólo las cinco de la tarde, volvemos a la zona del apartamento en el tranvía.

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Mekaniske Verksted. Perfecto para tomar algo después de una larga jornada

En los alrededores del apartamento descubrimos un local (llamémosle pub o bar) muy especial. Está ubicado en una especie de antigua nave industrial que es ahora sede de un teatro “alternativo”.  Mekaniske Verksted. Tiene un patio exterior, techado, lleno de macetas, plantas, y con mesas y bancos corridos de madera verdaderamente agradable. A pesar del frío, con las estufas tipo setas se está fenomenal con los niños. En el interior tiene varios ambientes diferenciados , más recogidos o más luminosos según tengas el día. Nos encantó.

https://www.oslomekaniskeverksted.no/

Día 4

Sigue lloviendo, así que ponemos rumbo al Museo Munch. La lluvia no es muy copiosa, así que aprovechamos para ir andando, y visitando Grondlad, el barrio multicultural de la ciudad. Lleno de barberías, pequeños restaurantes y  comercios árabes.

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Noche estrellada. Imagen de la web de Much Museet

 

Nuestro mayor interés es ver el famoso “El grito”, pero la información que teníamos era errónea y éste cuadro no está aquí. En cualquier caso, la visita merece la pena para admirar la obra del pintor. El museo es pequeño y asequible y tienen una actividad de pistas para los niños muy entretenida. Más detalles en la entrada de los museos de Oslo.

https://tragamundo.wordpress.com/2018/03/06/los-museos-mas-apasionantes-de-oslo-para-visitar-con-ninos/

Después seguimos la ruta andando para llegar al Havnepromenaden: un paseo de 9 kilómetros que va bordeando la costa de Oslo. Nos hubiera encantado poder hacerlo entero, pero la lluvia y el viento tenían otros planes para nosotros.

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Playa de Sorenga

Hacemos escala de nuevo en Sorenga para comer, en la hamburguesería Bun’s Burger Bar (http://bunsburger.no), cerca de la conocida como Playa de Sorenga. En la punta de esta península hay unos muelles habilitados para el baño. En incluso una pequeña parte con arena que suponemos que en verano estará llena de bañistas refrescándose. A pesar de que no pudimos disfrutarlo en su esplendor veraniego, es una zona agradable y curiosa para acercarse con los peques, que pueden jugar con la arena o divertirse con los patos.

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Playa de Sorenga, en la zona portuaria

Después de abandonar nuestra idea inicial de recorrer el paseo del puerto hasta la fortaleza de Akershuhs, volvemos hacia el centro y la zona comercial, donde estaremos más resguardados. Entramos en un centro comercial, tipo Corte Inglés (Steen & Strøm Department Store) y descubrimos en la planta 5 una gigantesca tienda Hamley’s: juguetes, juguetes y juguetes… Y lo que es mejor, varios espacios en los que los niños pueden jugar a sus anchas. No era nuestro plan soñado, pero os diré la verdad: una opción estupenda para una tarde de lluvia intensa.

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Tienda Hamley’s, en el centro comercial Steen & Strom

Desde allí, parte a pie y parte en tranvía, volvemos a nuestro alojamiento, con una parada en el supermercado para comprar vituallas para la cena. Mañana es nuestro último día. Después de comer habrá que poner rumbo al aeropuerto a coger el avión.

Día 5

La idea era madrugar para acercarnos a primera hora a la Galería Nacional. Y vaya si madrugamos. La peque se despierta a las 4.45am y ya no hay forma de que se vuelva a dormir. Así que sí, madrugamos un poco demasiado.

Dejamos el apartamento y usamos la consigna de la Estación Central para dejar el equipaje. Antes de que abran la Galería Nacional ya estamos por la zona. Los peques corretean en un curioso parque infantil que se encuentra justo a la espalda del edificio del museo, con unas pequeñas “colinitas” de colores.

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Ya en el interior del museo, y después de una pequeña cola que se ha formado justo antes de que abran, nos dirigimos directamente a nuestro objetivo: El Grito de Munch.  Y sí, aquí está. Teníamos muchas ganas de verlo y no defrauda la espectacular y desasosegadora obra del pintor noruego. El resto de la Galería parece muy interesante, pero no sólo vamos a pararnos a ver lo justo para decidir comprarnos el catálogo de recuerdo y verlo con tranquilidad de regreso a casa.

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Una foto terrible de una gran obra de arte

Comemos tempranito, de nuevo en la zona de Aker Brygge, en el restaurante Louise (http://www.restaurantlouise.no/) Para mí, el mejor de lo sitios en los que hemos comido en Oslo. Una especie de marisquería o restaurante marinero, en la misma línea de precio que todos los demás (75€ los cuatro) pero con un ambiente muy agradable, lleno de maquetas y artilugios marineros, con, curiosamente, un estilo muy chic. Y la comida estupenda: mejillones, tortilla a las finas hierbas, hamburguesa y una especie de tosta de jamón york y champiñones súper rica. Además, de aperitivo nos han puesto pan con mantequilla, así que podemos decir que salimos satisfechos.

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Ya sólo nos queda recoger el equipaje en la Estación Central y desde allí volver a coger el tren Flytoget hasta el aeropuerto para volver a casa. Lo hemos pasado muy bien todos: niños y mayores. Y a pesar de la lluvia hemos podido recorrer las calles de Oslo, disfrutar de sus museos, su oferta gastronómica y su gente. Habrá que volver a Noruega cuando haya oportunidad (¡¡y hayamos ahorrado!!).

 

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